Me parece prudente publicar esto. Son comentarios al Primer Apéndice de hace unos cuantos días.
Creo que es primera vez que contesto algún comentario, y en verdad es recontra feeling hacer eso.
Me gustaría saber quien es ese Anónimo.
Anónimo dijo...
¿en qué consiste "mantener una distancia pertinente -aunque no radical-", post-ruptura?
apreciaría vuestro consejo, ya que todos los demás suelen ser bastante perceptivos.
17 DE DICIEMBRE DE 2011 19:13
ReyBabar dijo...
No sé a que se refiere con "perceptivos".
Por lo general, cuando una pareja termina y corta toda comunicación, sea porque uno hizo algo muy malo o porque uno (aunque, casi siempre, los dos) quieren evitar stalkear al otro y no lo pueden hacer a conciencia y por eso borran y bloquean al otro de todo medio, o simplemente porque todavía hay algo ahí y no saben que hacer, es porque todavía hay algo inconcluso. Y ese tema va a quedar ahí hasta que se solucione. Y, creo que, cuando hay un conflicto latente esperando ser resuelto, siempre va a estar ahí jodiendo. La separación no debe ser radical justo por eso.
Lo ideal es que sea gradual, y que todos los detalles se vayan aclarando poco a poco, hasta que todo fluya sin roches. Probablemente nunca deje de gustarte, pero el punto es que ya no hayan roches.
Radical no es bueno. Si la situación no es normal, no está bien.
17 DE DICIEMBRE DE 2011 21:08
Anónimo dijo...
Gracias por tu respuesta. No lo había pensado así, pero sí es cierto que los cambios radicales demuestran que algo quedó sin terminar.
Pero ¿entonces? ¿No los borras de Facebook y sigues creepeándolos hasta que deja de doler? Yo también quisiera creer que la transición de ser enamorados a ser amigos puede ser limpia y gradual, pero como dices, esa persona siempre te va a gustar. ¿Nos resignamos, entonces, a que siempre va a doler?
17 DE DICIEMBRE DE 2011 22:19
ReyBabar dijo...
Lo que pasa es que todo parte de una decisión; si decidiste ya no estar con esa persona, sea por el motivo que sea, y en verdad no quieres estar con esa persona, poco a poco vas a dejarla de lado, porque en realidad quieres eso. El problema es cuando en el fondo sí quieres estar con esa persona; si ese es el caso yo diría que intentes hacer que funcione, que le hables, que tengas una larga conversación y que lleguen a un acuerdo. Siempre se puede. Si te hace bien no lo deberías dejar pasar.
Y si te sigue gustando -pero sabes que no es para ti-, la idea es que tengas bonitos recuerdos y que veas a esa persona como parte de tu vida y, si se puede, como un buen amigo (pero nada más). Si te gusta y es para ti, haz que funcione.
Mi mochila está pesada y un poco alargada; no sabía si usar el de madera o el de aluminio, así que llevé los dos.
Pedante. Toqué el timbre y abrió la puerta de par en par, con una cara de déspota perfecto, como si hubiera estado esperando a la perra de turno. Sólo fue un golpe seco -que luego se volvió mojado-, inmedianto y crocante, en el lado izquierdo del cráneo. Si no lo mataba lo dejaba bien jodido. Quería usar el bate de madera porque es más oldschool, pero usé el de aluminio porque es más higiénico.
Léase de manera exagerada, con voz histriónica y chistosa, cuando sea necesario. No sé si recuerden a Filomena, la de Nickelodeon.
¡QUÉ RICO! bzz Muchos olores, muchos sabores bzz Vamos por aquí, no mejor por allá bzz bzz El hombre de blanco está cocinando algo bzz bzz ¡ARROZ MARRÓN! bzz Quiero quiero quiero bzz bzz Caliente bzz Espero un rato bzz ¡COSA ROJA! ¡QUÉ RICO! bzz Yummy bzz Acá está libre, me tengo que limpiar bzz Ya terminó el arroz; ya no está caliente bzz bzz Corre corre bzz No me vas a espantar bzz ¡OLE! bzz ¡Directo al plato! bzz bzz Om nom nom bzz ¿Quién apagó la luz? bzz No importa. Om nom nom bzz bzz
"Mona, qué locos los chinos para freír fideos... Jajajaj ... Mi plato también está buenazo."
Yeee, luz de nuevo bzz bzz Om nom nom bzz bzz ¡AAAAHHH CORREE! A no, uffff bzz
"¡MIRA! ... No puede caminar. ¡Mozo!, venga un rato, por favor. Había una mosca adentro de mi arroz chaufa... No, no acaba de venir volando, ¿no ve que no VUELA?... Maestro, está ¡CAMINANDO EN MI DEDO! ¿No ve que NO VUELA?... Oiga, ¿acaso no entiende? Vaya a hablar con el administrador... Mona mira, tiene una pata lesionada. Jajaja se limpia las patas de atrás, no las de adelante jajajaj... Nicagando estaba adentro del arroz pues, no puedo creerlo... Maestro, no quiero que me traiga otro plato; había una MOSCA dentro de mi arroz chaufa, ¿no cree que se me va a quitar el hambre?"
No no no, no me dejes, las otras manos son malas bzz bzz Noooo bzz ¿Tú no eres el mismo hombre de blanco de la cocina? bzz Ah no, el otro es más gordo bzz Oye, ¿para qué vas a usar esa servilleta? bzz bzz Estoy lesionado, tengo 4 esposas y varios cientos de hijos bzz ¡PIEDAD POR FA...
"Ya nos vamos mejor, ¿no Mona? Voy a hablar con su jefa... Señora, yo siempre vengo... ¿Que no entiende? Esa mosca no volaba... No, no cayó del techo; estaba dentro del arroz, saqué un poco con mi tenedor y apareció ahí... ¿Entendió?... Ya me voy... ¿Qué?... Cóbrese... Hasta luego... Mona, sólo me descontaron mi plato... Miserables."
jueves 1 de diciembre de 2011
El verano es una estación rara porque la gente no se mira a los ojos.
domingo 20 de noviembre de 2011
No pretendo abarcar toda la profundidad de los temas que voy a tocar, pero tengo que mencionarlos porque son cosas que cada día me impactan más.
En mundo es demasiado pequeño. Le gente es demasiado compleja. La vida te presenta miles de oportunidades y cada una de estas miles de matices. Y cada uno de estos universos que se abren cuando uno decide involucrarse en un aspecto nuevo de la vida humana es inmenso. ¿Cuántas técnicas diferentes habrán para fabricar escobas? ¿De cuántas formas se puede pintar un cuadro? ¿Cuántas combinaciones diferentes habrá para desarrollar nuevas razas de perros? Hay demasiada música para escuchar. Y muy poco tiempo. Muy poca vida. Hay demasiadas personas por conocer, demasiadas playas por recorrer, demasiados sabores que probar, demasiado dinero que generar, demasiadas flores que oler.
Una abuelita, luego de recibir 10 cajas de fosforos, pide "Eso verde que se come". En un vestíbulo blanco y estrecho, un anciano enternado se levanta trabajosamente de su silla y me abre la puerta. Un mototaxi vacío estacionado en una esquina toca reggaetón a todo volumen a las 6 de la mañana. En un pueblo a dos horas de Lima, los obreros se acuestan a la media noche y se levantan a las tres de la mañana para esperar al camión que los recoge y los lleva a la chacra. La demolición de una casa aledaña le regala a una familia una hermosa vista del mar, hasta que empiece la construcción de un nuevo edificio. En una casa en Miraflores hay cercas de 30 centímetros en los marcos de algunas puertas, como para evitar que los duendes se muevan libremente por la casa. Una cucaracha gorda me espera ansiosa en un baño, junto al interruptor de la luz. Cuando un pelao se lava la cara, no sabe cuando parar.
Cuando era chibolo, uno de mis más grandes dilemas repetitivos fue decidir entre Bembos y Burger King. ¿Por qué? Porque Bembos tenía los mejores juegos del mundo -el tobogán del Bembos de Benavides que quedaba frente a Mc Donalds y Burger King era kilométrico- y Burger King tenía, siempre, las mejores sorpresitas.
Yo quería chotear a Timoteo y quedarme sólo con Karina. Mi tía me grababa -en VHS- los capítulos de Nubeluz. Mi mamá quería que me vaya a acostar a las 8, justo a la hora a la que empezaba Pokemón. Jugar pichanga en la mitad de la pista, con dos piedras formando cada arco, era cosa de todos los días. Romper lunas de un pelotazo o pegarle de cazuela a un tío asado que pasaba caminando por ahí también. Hacer carreritas de bicicleta por el parque y la iglesia era básico; no nos preocupábamos por el tráfico o caernos y rasparnos las rodillas o los codos. El primero en aprender a frenar quemando llanta era siempre el más bacán.
Tener un amigo nuevo significaba saber cual era su color, o su dinosaurio, o su Power Ranger favorito; ahora nos interesamos por cosas más profundas. Antes uno adquiría a su nuevo mejor amigo mediante un sencillo acuerdo que podía quedar en el olvido al día o a la semana siguiente; ahora todo es más trascendental.
Halloween era todo un evento; ahora es toda una chupeta. Recuerdo que en esa etapa de tu vida en la que ya no quieres ser niño pasé Halloween con un amigo, y como queríamos dulces nos hicimos parches de cuero y caminamos por el malecón de Barranco a una hora en la que ya no daban caramelos, y regresamos con un par de chupetes y unos cuantos caramelos feos. Pero fue divertido.
Cuando me di cuenta de que Otto, el perro, ya podía salir a la calle y regresar sólo, me sentí como un gallo inflado; era todo un padre orgulloso de su hijo. Ya antes me había sentido así cuando cazó su primera paloma -a los 4 meses-, pero un padre nunca deja de sentirse así.
Ahora sólo tengo que abrirle la puerta y cerrarla luego de que haya regresado; camina como si fuera dueño de la pista, erguido, haciendo música con el son de sus garras en la vereda -porque no deambula por la pista-, huele un par de arboles, marca los arbustos, uno que otro poste, se acerca a los peatones y les salta para que le hagan cariñito, ensucia algún jardín, se entretiene con los olores que encuentra por ahí, y cuando termina su rutina (que por lo general tiene forma de cuadrado perfecto) regresa, sube las escaleras y entra a su casa. Y es genial, porque así no tengo que salir a la calle en piyama en el frío de la mañana.
Poco a poco, su rutina se fue haciendo más larga, hasta más lejos, y le fui dando más confianza. Y fue haciendo amigos nuevos.
Un día, Otto, me presentó a su nueva novia. Era una perra, y justo por eso no me gustaba, pero no le dije nada y decidí dejar que él sólo se de cuenta de todo. Al fin y al cabo ya tiene 2 años, lo que en dog years serían 14, por lo que ya está grandecito para empezar a descubrir el mundo. La cosa es que a las dos semanas regresó cabizbajo, con la cola entre las piernas, triste y con las orejas todas revolotadas. No quería comer. Le pregunte qué pasaba y me contó que ampayó a su novia con 3 perros chuscos a un extremo del parque, bien coqueta, entre que se correteaban, se mordían las orejas y bajaban por las escaleras que van a la costa verde a cazar ratas. Nunca más quiso nada con perras.
Toda mi vida he sido ingenuo. Bueno, no sé si ingenuo, pero he creído mucho en la gente. Solía decir cosas que en manos de una buena persona no habrían causado ningún daño, pero que en malas manos se volvían problemas. Creía (y espero seguir creyendo) en que la gente es, por default, buena. No tengo razones para pensar en que una persona es mala desde un comienzo. Otto, como buen hijo mío, es igual que yo, y un mal día me presentó a su amigo Antonio; un perro gordo, millonario, burlón, que pregunta y pregunta estupideces para joder y sacar alguna cosa con la cual fregar a uno. Los rollos de grasa cuelgan a cada lado de su cadera, y parece que tiene la cabeza muy pequeña para el cuerpo que tiene. Es de raza el perro, así que mira a los demás con un aire de superioridad rebasante, y se regocija en los problemas de los otros perros. Evidentemente no me caía para nada, pero de nuevo no le mencioné nada de eso a mi can. A la semana, Otto me contó que fue al parque y los otros perros del barrio lo miraron feo, y por supuesto que el no entendía por qué. El chisme era que Otto estaba saliendo con una gata siamesa de nombre Nina, y por eso sus amigos lo querían fuera del grupo. Claro que eso era mentira, pero el miserable de Antonio era así de jodido. Otto nunca más volvió a hablarme de él, afortunadamente.
A la larga aprendió solo, y ahora siempre lo veo en el parque con un grupo de perros educados, y como no le vacilan las perras, terminó estando con esa gata de los rumores.
No me acuerdo de cual era la moraleja.
Ya me acordé.
Los amigos son la familia que uno elige en esta vida; quizás terminen siendo más cercanos a ti que la tuya propia. Son, quizás, la elección más trascendental que vas a tener en tu vida, así que cranéala bien.
Tú no escojes a tu familia; fuiste producto de la unión entre tus padres luego de un proceso que, dentro de las posibilidades genéticas, fue aleatorio, y lo mismo le paso a ellos y a sus antepasados. Por lo tanto, muestras madres nos fueron asignadas, básicamente, al azar. Lo mismo pasa con nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos, etc. Si te tocó una madre chévere -como a mi-, aprovéchala; si te tocó una mala, piña. Sea cual sea el caso, estás prácticamente obligado a convivir y aprender a relacionarte con ellos; lo ideal es que la relación dentro de una familia, sin importar las características de sus miembros, sea armoniosa.
Pero, uno si escoje a sus amigos. Y es una de las mejores y más grandes oportunidades que nos da la vida. Es la posibilidad de armar una nueva familia, a tu medida, que no se va a pelear contigo por herencias y que tampoco estas obligado a ver en días festivos, a pesar de que no los quieras ver. Van a ser tus nuevos hermanos. Por lo tanto, es un proceso sumamente delicado e importante. Cranéala bien.
Por la puta madre, ¿por qué no puedo dejar de pensar en eso?
Carajo me van a robar. En la mañana ese causa se subió y se sentó junto a mí, y me miró con odio y codicia y me puso cara de malo y miró mi mano que guardaba el celular y mi bata y me odió y quiso quitármelo todo. Heroicamente me paré y me moví lejos de él.
Putamadre me van a robar.
Y ese pendejo camina como siguiendo a otro grupo y voltéo a verlo y el voltea y me vé y pone una cara de "Chamadre, si sabe, no es un pituquito huevón". Y sí, yo no soy pituco ni soy huevón; que esté con camisa un domingo en la noche no me hace ni pituco ni huevón. Y ese pendejo caminó para cerrarme en camino porque esos otros pendejos están en la escalera del otro lado de la vereda y se nota a leguas que son choros.
Y yo soy un necio y no me quito los audífonos. Una sarta de choros no me va a malograr Reckoner. Me pongo a cantar en su cara pa joder.
Ya me robaron una bicicleta Goliat (de esas que no venden ahora), un reproductor de mp3 Sony (que era de la puta madre y tenía música de la puta madre) y un reloj Casio. Ojalá no me esté olvidando de nada de lo que me han robado. A mi pata le robaron su iPhone. Un día un taxi me regresó mi Nextel. A mi pata el seguro le dio otro iPhone. Cuando me robaron el reloj era un niño de unos 10 años y me dejaron tan traumado que no salía a la calle sin una especie de cuchillo de madera que hice con una tabla de una caja de frutas que le pedí a la frutera y uno de los rodillos para sacarle filo a las chavetas que había en el taller.
Es que no puedo dejar de pensar en eso porque estoy seguro de que sí me quieren robar, sino no me mirarían así.
Y en la combi soy un conchudo porque tengo el celular en una mano mientras con la otra sostengo los libros que estudio. Y no sé, estoy tan acostumbrado a ese aspecto de Lima que, aunque sea el mejor sólo de Gilmour o el grito más desesperado de Buckley, no me pierdo por completo; siempre estoy preparado para reaccionar ante algún pendejo. Putamadre, puro pendejo hay ahí.
Podría hacerla sólo de Radiohead, o sólo de electro, pero me llegó y metí música pastrula, math rock, reggae, etc. En ningún orden en particular:
Idioteque - Radiohead
Everything in it's Right Place - Radiohead
Dream Brother - Jeff Buckley
Sweepstakes - Gorillaz
Runaway - Kanye West
Mathletics - Foals
Babylon Rule Dem - Groundation
Incinerate - Sonic Youth
Vision of Division - The Strokes
Iron (y el remix por Gucci Vump) - Woodkid
Mención Honrosa:
Drunkship of Lanterns - The Mars Volta
Casa Bey - Mos Def
Metabolism - The Strokes
Y la que es, para mi, la MEJOR canción para empezar el día:
Turnin' on the screw - Queens of the Stone Age
miércoles 15 de junio de 2011
Tanto miedo, desaprecio y repulsión hacia los serenos me han contagiado mis amigos que, cuando camino por la calle y veo una camioneta estacionada por ahí, tengo miedo de que me prohiban seguir cantando.
Cuando no tengo muchas cosas en la cabeza me gusta mirar a la gente; escrutarla, ver que hacen, cómo actúan, cómo visten, etc. Hoy día es uno de esos días.
Lo primero que vi, estando dentro de la T, fue a dos, hasta ese momento gringas, queriendo llegar al Bus. Una, la más voluptuosa, corría con un brazo en alto haciéndole señas al conductor para que pare, y con el otro conteniendo su pecho para evitar un movimiento descontrolado. La otra caminaba un poco acelerada detrás de ella riendo. Se sentaron atrás. Hablaban en Francés.
Cuando me paré junto a la puerta para bajar les pregunté, en francés, si les gustaba el Perú, y les dije que el Perú era lindo. Se quedaron turulatas.
Apenas bajé de la T me encontré caminando, frente a mí, a un personaje rarísimo; algo a lo Sirius Black. Llevaba el pelo largo como yo, con todo el cerquillo tirado para un lado para poder ver, pero su pelo estaba tan sucio que formaba hebras gruesas brillosas que se separaban de su cabeza y bajaban a, aproximadamente, un centímetro de distancia de su cuero cabelludo -la grasa de la base era tan fuerte que las mantenía en pie-. Tenía la barba de un par de días, y llevaba un soul patch como el que lleva Frank Zappa debajo de la boca, sólo que este era gigante, formaba una colita, y le llegaba casi al final del mentón. Usaba un bluyín, un polo oscuro y cargaba una bolsa en la mano derecha llena de cajas con el logo de una marca de herramientas que no recuerdo en este momento.
Pero, lo más extraño, era que, de atrás se veía que llevaba algo, una pieza de tela, amarrada en cruz por el pecho y la espalda, y por la expresión que marcaba en la cara habría pasado como un bandolier, un par de esos cinturones con cartuchos de balas que llevan los soldados en la guerra y en las películas. Pero, cuando lo vi de perfil (el primer momento en que lo vi), noté que el lado de adelante era relativamente rechoncho; llevaba un bulto grande, al que le hizo cariñito, por lo que creo que era un bebé. Pero no me cabe en la cabeza.
Pero, lo más extraño, fue el personaje que vi de regreso a mi casa. Había un gringo sentado atrás. Llevaba un polo turquesa con una camisa a cuadros naranja con azul y blanco cerrada hasta arriba. Un short verde oscuro, zapatillas Adidas verdes con amarillo y una mochila negra sobre las piernas. También tenía el pelo largo como yo, pero era rubio y con una bandana roja alrededor de la cabeza y lentes modelo Aviador con lunas tinte morado oscuro. Pero lo más raro era que escuchaba música con unos headphones vintage de color celeste con marrón, y movía la cabeza de una manera única. Desenfrenada. A veces para arriba, como si Will Smith le estuviera gritando "Nod yo' head!", y luego, en cualquier momento y en otro ritmo cambiaba a moverla de lado a lado, como si negando algo muy enfáticamente. Luego paraba, y de repente, en cualquier momento, volvía a empezar.
Cuando bajó se quitó los lentes, y sin lentes ya no se veía tan cool.
Este blog es parte de la bitácora de mi vida; es un lugar donde escribo las cosas que pienso o me pasan que, creo, ustedes pueden encontrar interesantes y/o útiles. Siempre he intentado mantener las cosas que escribo acá, lo menos personales posible, pues no me gusta ventilar mi vida, y no creo que a ustedes les interese.
Vivo en Barranco City (mentira, ya no, pero he vivido como 6 años de mi vida ahí), toco música, escribo como hablo (pero me esfuerzo por poner todas las tildes) y estudio Medicina.